Si usted hojea una revista dirigida a los hombres, encontrará
los acostumbrados artículos sobre sexo, deportes, autos lujosos
y otros objetos del deseo masculino. En cambio, al examinar una
revista femenina, en algún lugar entre los consejos sobre sexo,
belleza, moda y relaciones, muy probablemente encontrará la tradicional
columna del horóscopo del mes. Es raro que una revista femenina
no contenga algo sobre astrología, horóscopos o algo por el estilo;
y no es de extrañar que las mujeres entiendan de signos tanto cuanto
los hombres de autos. Tampoco es casualidad que toda mujer "sepa"
que tauro "combina" con aries, o sea tan precisa en
clasificarlo a usted como "un escorpiano típico". Otras revistas
típicamente femeninas, como las de dieta, traen consejos de cromoterapia
sobre cómo alterar el color de los alimentos para mejorar el "alto
astral", mientras que las de decoración suelen disponer de una sección
cautiva para el milenario arte del Feng-Shui. Pero esta presencia
desproporcionada de la pseudociencia en el universo femenino no
se restringe a la prensa escrita: una mirada atenta a los programas
de televisión dirigidos a las mujeres nos revela el mismo panorama.
¿Por qué es tan habitual y popular la divulgación pseudocientífica
en los vehículos culturales dirigidos al público femenino?
La primera respuesta que se nos ocurre es simplemente que la
mujer es más crédula que el hombre. Bien, eso es verdad, pero
no es toda la verdad. En Francia, las encuestas muestran
que poco más del 50% de las francesas creen en la astrología contra
cerca del 35% de los hombres (Broch, 1998). En los EE.UU., el
39% de las mujeres -contra el 32% de los hombres- cree que la
astrología puede ser considerada una ciencia (NSF, 2000). En Brasil,
en una encuesta de la que participaron poco más de 300 estudiantes
universitarios, un 54% de los que declararon creer en los fenómenos
paranormales eran de sexo femenino (Castro, 1997). Lo que todas
las encuestas indican es que las mujeres tienen más tendencia
a creer en determinadas pseudociencias, pero no en todas.
Por lo que se ve, los hombres prefieren fantasear con respecto
a monstruos imaginarios, extraterrestres y civilizaciones perdidas,
en tanto que las mujeres encabezan las estadísticas cuando el
tema es la astrología, la "cura" espiritual y los poderes extrasensoriales.
De hecho, ese resultado corrobora el sentido común. La pseudociencia
esparcida por la cultura femenina es bien típica: astrología,
tarot y prácticas adivinatorias en general, mediumnidad, cromoterapia,
aromaterapia, Feng-Shui, radiestesia, cristales y similares. Son
todas prácticas que tocan el universo femenino de manera bien
evidente, directamente relacionadas con los temas abordados en
las revistas femeninas, tales como belleza, decoración y relaciones
afectivas. Mientras tanto, distinguir causa y consecuencia es
bastante difícil. Las mujeres ¿creen más en ciertas pseudociencias
porque leen más pseudociencia, o estas disciplinas son explotadas
por las revistas femeninas porque las mujeres son especialmente
receptivas al mito? ¿O ya no hay separación posible entre estas
preguntas?
Pero la cuestión es un poco más complicada. El porcentaje de
hombres que cree en la astrología, aunque menor que el de las
mujeres, no es pequeño; tal vez hasta es mayor del que revelan
las encuestas ya que puede presumirse que, por una serie de argumentos
machistas, los hombres son más reticentes que las mujeres para
admitir que consultan el horóscopo diariamente.
Entonces, ¿cómo explicar la descomunal disparidad entre la cantidad
de pseudociencia presente en los medios típicamente masculinos
y femeninos? Una explicación posible es que, aun creyendo casi
tanto como las mujeres, los hombres sean menos proclives a emplear
ciertas pseudociencias. Después de todo, una cosa es aceptar la
astrología como posibilidad, y otra es preguntar en la primera
cita el signo de la pareja para saber cuáles son las chances de
que ella sea fiel en la relación. ¿O usted conoce muchos hombres
que esperen la luna "indicada" para ir al peluquero?
Además, vamos a admitirlo: las mujeres incorporaron a la propia
femineidad algunas características bien esotéricas. Las mujeres
son aquellas criaturas sensibles dotadas de un "sexto sentido"
y de intuición agudizada. Y normalmente son las madres, y no los
padres, las que se atribuyen el poder sobrenatural de "presentir"
lo que les pasa a sus hijos. Es verdad que ciertas diferencias
en el modo de pensar y actuar de las mujeres pueden ser comprendidos
como rasgos adquiridos a lo largo de nuestra evolución. Se especula
que, en tanto los hombres, saliendo a cazar, desarrollaron la
orientación espacial y el coraje frente al peligro, las mujeres,
a fin de proteger a su prole y a sí mismas, precisaban prestar
atención a las alteraciones sutiles del ambiente (olores, ruidos
y movimientos) que podrían indicar la presencia de predadores.
Tal vez, esto haya desarrollado en las mujeres una forma diferente
de percepción de los hechos cotidianos. Esta genuina sensibilidad
femenina de alguna manera se transformó en el mito moderno de
que las mujeres tienen un vínculo más fuerte con lo trascendental
y es bastante natural que los medios exploten esta forma tan propia
de afirmación (¿adaptación?) de la mujer.
Y hablando de afirmación femenina ¿habrá alguna manifestación
más femenina que el culto moderno a las brujas? En este caso,
aparte de la obvia conexión feminista, las mujeres buscan en las
brujas la identificación con su poder seductor. La propia palabra
hechizado es sinónimo de seducido, como el nombre
de la popular serie de TV norteamericana "Charmed" que muestra
la atribulada vida cotidiana de tres jóvenes y... claro... seductoras
brujas.
En el libro "Brumas de Avalon", de Marion Zimmer Bradley, romance
best seller del mito de Camelot, el Rey Arturo y los Caballeros
de la Mesa Redonda unifican a Bretaña, pero son las mujeres, con
sus poderes mágicos y sus encantamientos secretos, las que están
detrás del telón manejando los hilos. Y, aquí entre nosotros,
entre la bellísima y tan apasionada Ginebra y la poderosa aunque
no tan bonita bruja Morgana, todos "hinchamos" por la segunda.
Referencias
Broch, H., 1998. "Paranormal Phenomena and Zetetics", Bulletin
de la Société Royale des Sciences de Liège, Belgium, vol. 67,
pp. 235-253 [http://www.unice.fr/zetetique/anglais/a_zetetique.html
- ageetsexe]
Castro, J., 1997. "Crença na paranormalidade e os fenômenos psi
em estudantes universitários no Brasil", Anais do I Congresso
Internacional e Brasileiro de Parapsicologia - Recife: IPPP [http://www.parapsicologia.org.br/artigo07.htm]
National Science Foundation. "Belief in the Paranormal or Pseudoscience",
Indicators Science and Engineering 2000, capítulo 8 [http://www.nsf.gov/sbe/srs/seind00/access/c8/c8s5.htm
- c8s5l2]
Sparks, G.G., & Miller, W., 2001. "Investigating the relationship
between exposure to television programs that depict paranormal
phenomena and beliefs in the paranormal". Communication Monographs,
68, 98-113. [http://www.newswise.com/articles/view/?id=PARANORM.PURy
http://omni.cc.purdue.edu/~sparks/recent.html]
Ana Luiza Barbosa de Oliveira es graduada
en ingeniería química por la Univ. Federal Rural de Rio de Janeiro,
Brasil. Widson Porto Reis es graduado en ingeniería metalúrgica
por el Instituto Militar de Engenharia (IME) de Brasil. Ambos
pertenecen al Projeto Ockham, www.projetoockham.org