Si escribiéramos un ensayo titulado "Breve historia del escepticismo
contemporáneo", seguramente debería contener esta reflexión: "Cuando
pasan los años y un mensaje no se comprende, un concepto no se
capta y una manera de pensar no llega a transmitirse... ¿de quién
es la responsabilidad? ¿De quien no lo recibe o de quien lo emite?".
Es indudable que, en la difusión del pensamiento crítico y de
la mentalidad científica, el costado más agrio y difícil es contraponerse
a las creencias populares, objetar aquello en que se cree masivamente,
desafiar lo establecido por algún gurú, sacerdote, profeta o,
simplemente, poner en duda lo que cree la mayoría de la gente.
También hay que lidiar con la poderosa influencia de los llamados
"formadores de opinión", volcados a la generación de las máximas
ganancias explotando los rincones más sensibles del "consumidor",
es decir, de la gente.
Ciertamente, sería más cómodo permanecer puertas adentro, como
hace buena parte de la comunidad científica -que no parece advertir
que la indiferencia es la peor estrategia-, y esconder la cabeza
con la ingenua excusa "no hay tiempo para perder en tonterías".
Pero no se justifica elegir la estrategia "menos mala" y dejar
a un lado los conocimientos existentes en materia de comunicación,
hiriendo de muerte a la divulgación científica popular. No lo
perdamos de vista: el divulgador científico debe ser, ante todo,
un comunicador.
El escéptico es portador de imagen: se lo llama
"negador", "refutador" y a veces hasta "inquisidor" (esperemos
que no se llegue a "bright" * ). El pseudocientífico,
en cambio, logra inclinar la balanza a su favor en un debate público.
¿Por qué? Se han esgrimido varias explicaciones, pero hay una
bastante razonable: el charlatán dice lo que el público quiere
escuchar mientras que el escéptico hace todo lo contrario.
¿No habrá llegado entonces la hora de probar otras alternativas
en un medio tan difícil y a la vez tan poderoso como la televisión?
¿Se puede decir algo antipático de forma que resulte digerible
para un público ávido de creer? En efecto, hay que esforzarse
al máximo para intentar nuevas formas de llegar a quien todavía
no captó, o no logró captar (algunos dirán "no quiso captar")
el nudo del pensamiento crítico y de la investigación desprejuiciada.
Descubrimos que hay excelentes antecedentes cuando escuchamos
a Carl Sagan, Arthur C. Clarke y otros extraordinarios divulgadores
de esa aventura del conocimiento que es la investigación científica.
La tarea, por lo tanto, es doble: dedicarnos a la investigación
y análisis del fascinante mundo mágico, y por otro lado, saber
comunicar nuestras ideas. A la hora de hacerlo, deberíamos tener
en mente las siguientes preguntas: ¿Por qué pensamos que el mundo
sería mejor si fuéramos más racionales, después de todo? ¿Para
qué sirven el juicio crítico y la investigación? ¿Qué aportan
al bienestar general? ¿Por qué tendríamos que adoptar el librepensamiento,
el naturalismo o el escepticismo? No basta con estar convencido:
tenemos que poder responder a estas preguntas frente a una audiencia,
tenemos que saber explicarlo, tenemos que comunicar.
¿En cinco minutos? Sí, en cinco minutos... ¿o cuánto nos da la
televisión?
Es cierto que hay otros instrumentos a nuestra disposición y,
precisamente, PENSAR se agrega a la lista de medios que intentan
llevar al público lector una alternativa frente al bombardeo sensacionalista,
sin por ello encerrarse en un ghetto elitista, aislado del lenguaje,
la imagen, y el mundo cotidianos.
PENSAR: número 1
Recuerdo que me enteré por primera vez de la existencia de una
organización escéptica en 1985 a través de un diario local, y,
en mi álbum de recortes, lo subtitulé "Un respiro en la tormenta".
La noticia daba cuenta de la existencia del CSICOP, un comité
fundado por reconocidas personalidades de la ciencia y la filosofía.
Trece años más tarde, en 1998, llegué hasta la sede de la organización
en los Estados Unidos, y les propuse a Paul Kurtz y Barry Karr
-Presidente y Director Ejecutivo respectivamente- la creación
de una revista en español. Hoy, casi 6 años después de aquella
primera visita, el proyecto se ha concretado. Con representantes
de varios países de Latinoamérica, con la colaboración de los
amigos españoles, más otros colegas residentes en distintos rincones
del globo, y los propios integrantes del CSICOP, hemos plasmado
este proyecto, PENSAR, lanzado para todo el mundo de habla hispana.
Deseo hacer un reconocimiento especial a Kentaro Mori y
demás colegas de Brasil quienes, a pesar de no pertenecer a un
país de habla hispana, apoyaron la iniciativa haciendo posible
que esta nación sudamericana tan importante pueda participar en
nuestra publicación.
Contenidos: el panorama en Latinoamérica y mucho más
En este primer número de PENSAR, tenemos informes de varios países
latinoamericanos que trazan un panorama previsible: sea a través
de las religiones tradicionales o de la más liviana Nueva Era,
la gente cree en lo sobrenatural y en lo paranormal. Hay una firme
y mayoritaria creencia en otra realidad, otro mundo,
dimensión o reino, donde suceden cosas fantásticas que desafían
la razón y están más allá del mundo visible y palpable. Si bien
cada país tiene sus particularidades, la situación es pareja en
todo el continente, desde la Patagonia hasta México: astrología,
tarot, exorcismos, vida después de la vida, milagros, parapsicología,
cultos, terapias alternativas, leyendas urbanas, ovnis, secuestros
interestelares y toda la gama de pseudociencias, rituales, credos
y "técnicas" se conjuran y conjugan para aliviar la pesada carga
de la vida cotidiana, para darle sentido a la vida, o para disfrutar
de una realidad un poco más agradable. También para usar "chivos
expiatorios" o trasladar responsabilidades: "el que cura no soy
yo, es Dios", "no lo hizo a propósito sino porque está poseído"
o "los astros lo quieren así". No es menos importante la utilización
de esta veta por parte de los medios masivos: inauguramos la columna
Controversia con la nota "¿Son las mujeres el blanco preferido
de los pseudocientíficos?", en la cual Ana Barbosa y Widson
Porto Reis aportan algunos datos y opiniones para empezar
la polémica.
Igualmente controvertidas resultan algunas advertencias y alarmas
proferidas por grupos ecologistas sobre el futuro inmediato de
nuestro planeta. En la columna "Contracorriente", Sami Rozenbaum
nos hace llegar el contenido de "Reporte Tierra", una obra de
varios autores que hace pensar y nos sorprende con afirmaciones
que difícilmente aceptaríamos a primera vista.
En "Dos mundos en conflicto: creacionismo y evolución en Argentina",
Juan De Gennaro nos muestra cómo, pese al contundente avance
científico, todavía hay rastros de influencias religiosas preocupantes
en la elaboración de los programas educativos. Ángel M. Nieves-Rivera
ha hecho un detallado análisis de las evidencias que señalan a
los anillos de hongos como responsables de supuestas visitas extraterrestres
en "OVNIS vs. Hadas: la hermandad de los anillos". El "sudario"
de Turín también ha sido objeto de interminables discusiones en
cuanto a su autenticidad, así que Hernán Toro nos presenta
el resultado de los estudios realizados y de concienzudas conjeturas
que deberíamos hacer al examinar las "evidencias". Hablando de
evidencias... ¿no escuchó Ud. alguna vez que usamos sólo el
diez por ciento de nuestro cerebro? La frase suena contundente
y atractiva, ya que nos despierta la inquietud y de paso nos consuela:
¿cómo explicar, si no es apelando a misteriosas capacidades, todo
ese excedente de masa inútil dentro del cráneo? Benjamin Radford
expone cuánto se sabe sobre el tema en "El mito del diez por ciento".
También contamos con reseñas de libros, humor y noticias breves
en forma de "Pastillas" que nos cuentan hechos curiosos, extraños,
o de interés para el lector inquieto. Esperamos poder satisfacer
las expectativas de nuestros lectores.
Bienvenidos a PENSAR
* Recientemente, Paul Geisert
y Mynga Futrell, con la adhesión de Richard Dawkins y Daniel
Dennet, han propuesto el término "bright" (brillante) para
etiquetar a escépticos, librepensadores, agnósticos y ateos, presuntamente
con el objeto de usar una palabra libre de connotaciones negativas...
Su supuesta utilidad deja muchas dudas, abriendo un debate tal
vez innecesario.
Alejandro Borgo es periodista y escritor. Desarrolla una
activa labor de divulgación del pensamiento crítico en diversos
medios de comunicación en la República Argentina.