Cuando la ufología intenta hacer honor a su etimología híbrida
y aplicar el método científico a la investigación del llamado
fenómeno OVNI, acostumbra por lo general a desmitificarlo, sustituyendo
una explicación extraterrestre por otra aparentemente más trivial,
pero que abre la puerta a un misterio todavía mayor que el de
los platillos volantes: el de la mente humana y su inagotable
capacidad para engañar y engañarse. Por ello, la mayoría de los
ufólogos creyentes en las visitas extraterrestres son en realidad
meros coleccionistas de casos, sin apenas profundizar en sus connotaciones
psicológicas, sociológicas y culturales. Como ejemplo, quizá sea
reveladora la forma en la que el fenómeno OVNI ha llegado a infiltrarse
en otros campos del coleccionismo como son la filatelia y la numismática.
Las emisiones filatélicas de tema ufológico corresponden en su
gran mayoría a países de escaso calado, por lo general antiguas
colonias españolas (Guinea Ecuatorial), inglesas (diversas islas
caribeñas) o ex repúblicas soviéticas, para los que constituyen
una fuente adicional de ingresos en divisas. Son emisiones directamente
para el mercado filatélico del primer mundo; sellos que jamás
circulan en sus países de origen, pese a que en ocasiones vienen
incluso matasellados. De hecho, salvo un par de series y una hojita
bloque a mediados de la década de los setenta (en pleno auge del
fenómeno OVNI y para celebrar que la cuestión había llegado hasta
la Asamblea General de las Naciones Unidas), las emisiones de
este tipo han proliferado a partir de mediados de la década de
los noventa, precisamente cuando la comercialización de la iconografía
alienígena empezó a volverse descarada, al cumplirse el cincuentenario
de la aparición del fenómeno OVNI en nuestros cielos.
Por el contrario, las escasas emisiones de países europeos donde
figuran elementos de la fenomenología OVNI como platillos y pequeños
hombrecillos verdes, emplean la estrategia de apelar a dibujos
de niños, o bien simplemente a encuadrarlos entre los comics,
la ciencia-ficción, o en esa pujante parcela que constituye la
llamada astrofilatelia (es decir, todas las emisiones filatélicas
relacionadas con la astronáutica y el espacio). Sin embargo, existen
dos excepciones que son el objeto del presente artículo, pues
permiten ilustrar la constante retroalimentación entre el fenómeno
OVNI y la cultura en la cual se desarrolla.
Así, en el año 2000, Bélgica dedicó un sello a uno de sus artistas
vivos más peculiares: Panamarenko (nom de guerre adoptado
en 1962 por este belga nacido en Amberes). En el mismo se reproduce
una de sus obras que bajo el título de "Bing of the Ferro Lusto"
es, ni más ni menos que un platillo volante.
Panamarenko empezó a ser conocido en los años 60, junto a otros
artistas europeos que prefirieron centrarse en el mundo real y
especialmente en la tecnología. Durante treinta años, este artista
ha diseñado y construido una gran variedad de máquinas, generalmente
calificadas de voladoras (aunque jamás han levantado un palmo
del suelo), en un intento tanto físico como metafórico de escapar
a las ataduras de la gravedad. Hasta aquí, nada especialmente
inusual para lo que estamos acostumbrados entre los artistas modernos.
Pero lo que marca la diferencia y nos permite vincularlo con toda
esa serie de contactados que pululan por el mundillo OVNI
también con sus propuestas y diseños de naves espaciales, es que
el propio autor está convencido de que podrían funcionar. Sus
diseños son infantiles, una extraña combinación de aquellos cacharros
de los primeros años de la aviación con ilustraciones de ciencia-ficción,
pero ello no le impide dar largas charlas donde presenta sus ideas
y teorías pretendidamente "científicas". En concreto, "Bing of
the Ferro Lusto" es un prototipo de la gran nave espacial "Ferro
Lusto", proyecto que ha preocupado a Panamarenko desde inicios
de los años setenta.

"Bing
of the Ferro Lusto", obra del belga Panamarenko reproducida en
este sello que le dedicara su país.
Si llega a construirse, tendría 800 metros de longitud y podría
acomodar a 4.000 personas (el mismo número, según el artista,
que el de la guardia pretoriana de los emperadores romanos). Panamarenko
reconoce haberse inspirado en los platillos volantes, aunque de
momento (que se sepa) no ha dado el paso definitivo admitiendo
que los planos le fueron facilitados por inteligencias alienígenas.
Aunque seguro que algún ufólogo creyente no dejará de comentar
que podría tratarse de un abducido latente, sujeto ideal para
ser sometido a hipnosis regresiva .
Algo similar tendrá que argumentar en el siguiente caso, con
tal de negar la evidencia. Como ya hemos señalado, en los últimos
años la filatelia se ha dejado llevar por el afán mercantilista,
pasando de ser una mera afición a todo un producto de inversión.
Esta evolución no se ha producido (¿todavía?) en la numismática.
Cierto que en las llamadas emisiones de monedas conmemorativas
(nunca de curso legal) se aprovechan los más variados temas, y
no puede faltar alguna alusión a los alienígenas, como es el caso
de unas monedas troqueladas en Roswell (EE.UU.) para celebrar
el cincuentenario del supuesto platillo estrellado allí. Pero
los billetes de curso legal mantienen aún cierto halo de seriedad
que no permitiría tal trivialidad... ¿o sí?
Vean este billete de 500 Lei emitido por Rumania en 1992 (Fig.
1). En su reverso aparece la inconfundible imagen de un Gris,
esos seres cabezones, calvos y de enormes ojos saltones sin pupila
que según está popularmente admitido se dedican a secuestrar a
sus víctimas terrestres con fines inconfesables. ¿Cómo ha llegado
hasta ahí? ¿Será el gobierno rumano el primero en reconocer que
está vendido al "oro reticuliano"? Pues no. Es una simple escultura
modernista.

Figura
1. Anverso y reverso del billete de 500 Lei emitido por Rumania
en conmemoración al escultor Constantin Brancusi. En el reverso
se amplía la imagen del supuesto "gris", en realidad, retrato
de Mademoiselle Margit Pogany.
El billete conmemora al escultor rumano Constantin Brancusi (1876-1957)
reproduciendo la efigie del escultor en el anverso y algunas de
sus obras en el reverso, entre ellas la imagen en cuestión que,
en realidad, se trata de una de las obras más famosas de este
artista considerado como unos de los precursores del arte abstracto:
el retrato de Mademoiselle Margit Pogany (1913). Esta señorita
(cuyo retrato realista me ha sido imposible localizar) sirvió
de modelo para varias obras de este escultor a lo largo de los
años, pero esta primera escultura en mármol blanco puede admirarse
actualmente en el Museo de Arte de Filadelfia (EE.UU.). El lector
curioso podrá comprobar en las imágenes que la señorita Pogany
no era calva, sino que tenía el pelo recogido en un moño. Una
vez más (Martin Kottmeyer ha documentado en detalle los precedentes
culturales del ícono Gris en la cultura popular moderna desde
finales del siglo XIX), se desmonta el argumento de los creyentes
de la inexistencia de antecedentes culturales terrestres para
las imágenes platillistas.
Para saber más:
D'Alessandro, Giancarlo. "PHILCAT. Catalogo di
UFOfilatelia". Disponible en la red: http://web.tiscalinet.it/Giada/.
Kottmeyer, Martin S. Varicose brains, Magonia
#62 Febrero 1998 pp. 8-11. Existe versión en castellano: Mentes
varicosas, La Nave de los Locos (Chile) Nº 10, pp. 7-13
(Julio 2001).
Luis R. González Manso es Licenciado en Ciencias Empresariales
y periodista científico. Es patrono de la Fundación Anomalía,
organización consagrada a alentar el estudio científico, la difusión
y a la conservación de documentos históricos sobre el fenómeno
OVNI.