En el capítulo tercero del extraordinario libro de Carl Sagan
El mundo y sus demonios, el autor lista un conjunto de
disciplinas científicas, mencionando la respectiva pseudociencia
que se asocia a cada una. Así, la astronomía tiene a la astrología,
la psicología a la parapsicología, etcétera. Cuando llega a la
economía, Sagan menciona como pseudociencia correspondiente a
los pronósticos a largo plazo.
Para Sagan, los pronósticos económicos de largo plazo no parecen
posibles porque el futuro lejano resulta más incierto que el cercano.
Luego deberíamos rechazar como poco científicas las estimaciones
respecto de ciertas variables si estamos demasiado alejados del
presente.
Sin embargo, en economía sucede -paradójicamente- que los pronósticos
a largo plazo suelen ser más eficaces que los de (muy) corto plazo.
Es más, sospecho que la verdadera pseudociencia económica se centra
en la pretensión de determinar con precisión los comportamientos
de corto plazo.
Gurúes del corto plazo
Para ilustrar la idea con un ejemplo, supongamos que queremos
conocer el valor del Dow Jones (el principal índice de precios
de la Bolsa de los Estados Unidos) dentro de treinta años. Aunque
parezca extraño, el pronóstico no resultará demasiado equivocado.
Como existe una tendencia bastante definida, basta utilizar sencillas
técnicas estadísticas para estimar bastante razonablemente el
comportamiento de largo plazo de esta variable. Las estimaciones
a largo plazo acumulan los datos de varios períodos, por lo que
es muy factible que algunos años atípicos terminen por compensarse
entre sí.
Pensemos ahora en la predicción de alguna variable a corto plazo.
Supongamos que, estando en noviembre, queremos saber el valor
del Dow Jones a fin de año. En este caso necesitaremos mayor precisión,
de modo que la estimación sea útil. Las técnicas estadísticas
para el largo plazo no nos servirían de mucho aquí. Debemos recurrir
a técnicas alternativas.
Y adivinen quiénes aparecen cuando de "técnicas alternativas"
se trata. Nada menos que la pseudociencia económica y sus protagonistas
estelares: son los famosos gurúes de la economía y las finanzas,
los que supuestamente son capaces de decirnos con exactitud qué
sucederá con las acciones en las próximas semanas. Los "Gordon
Gekko" de la "city".
Las técnicas utilizadas por estos gurúes para "venderse" son
diversas. La falacia más utilizada es la de hacer creer que porque
han sido exitosos en la Bolsa, lo serán toda la vida. Sus cartas
de presentación son las de hombres que han tenido suerte en el
pasado.
Otro conjunto de asesores, más institucionalizado, se dedica
a dar consejos desde los bancos de inversión y otras entidades
financieras. Parte de estos asesores se dedica a estudiar gráficos
con la evolución de los precios de las acciones. Utilizan un conjunto
de herramientas bajo el nombre de análisis técnico.
Pseudoanálisis técnico
El análisis técnico es un método no probado que sostiene
que es posible conocer el precio de una acción en un futuro cercano
simplemente observando el comportamiento de sus precios en el
pasado. Los "analistas técnicos" ven en los gráficos figuras definidas,
límites máximos y mínimos, y toda clase de formas que les permitirían
hacer sus predicciones. Si un gráfico, por ejemplo, se asemeja
a una "cabeza de mono" incompleta, entonces la acción seguirá
un sendero tal que completará el dibujo (ver ilustración).

El vocabulario utilizado para justificar el análisis técnico
es semejante al de la astrología: se inventan sustantivos por
doquier, se complica innecesariamente el lenguaje utilizado y,
por supuesto, el "análisis" conlleva una buena dosis de ambigüedad.
Como el lector ya habrá deducido, las conclusiones de los analistas
técnicos no incluyen ningún tipo de argumentación lógica que las
sustente.
No hace falta buscar a estos vendedores de felicidad en oscuros
escritorios de la "city". En una edición elegida al azar de Ámbito
Financiero, el diario especializado más conocido de Buenos
Aires, se publica en su suplemento Panorama Bursátil un
informe "técnico" cuyo título es: "Dow se mantiene aún dentro
de la formación triangular". ¿Qué triángulo? ¿El de las Bermudas?
¿Desaparecerá también el Dow? No se asusten, el título hace referencia
a las mencionadas formas que supuestamente nos dicen algo
acerca de la evolución del precio de las acciones. Del mismo artículo
se pueden extraer varios párrafos deliberadamente ambiguos. Como
ejemplo, tomemos el siguiente:
"La figura de triángulo tiene dos características bien marcadas,
la primera es que mientras nos encontramos en él, la tendencia
de fondo se pierde, o se crean dudas de cual será el próximo gran
movimiento del mercado, y la segunda es que una vez que define
el triángulo el movimiento es rápido o sostenido."
El copete de la nota reza: "Para ayudar a decidir, los technicals".
Pero es fácil advertir que el autor no se decide por el alza o
la baja, sólo aporta confusión. Esto no ayuda a nadie. Si la
tendencia de fondo se pierde, o bien el movimiento es rápido,
¿debo comprar o vender? Es inútil atribuir estas ambigüedades
a la "falta de contexto", basta con leer cualquier párrafo de
la nota para hallarlas. En suma, lo único que usted logrará entender
de un análisis técnico es que "si el mercado no muestra una tendencia
alcista o a la baja, seguramente mantendrá en su nivel actual".
Pavada de asesoramiento.
¿Por qué el autor no recomienda claramente qué hacer? Porque
el pronóstico será verdadero el 50% de las veces, demasiado peligroso
para un analista técnico que vive de esto. La razón por la que
los aciertos son fortuitos es que las investigaciones empíricas
sugieren que la evolución a corto plazo del precio de las acciones
es un "paseo aleatorio" (random walk en inglés), lo que
implica que es virtualmente imposible detectar un patrón de comportamiento
específico repetitivo para las mismas.
Pero hay una razón mucho más evidente para no creer en estos
gurúes. Es difícil entender cómo nos venden una información tan
valiosa por tan poco dinero. El consejo de alguien que sabe a
ciencia cierta qué ocurrirá en las próximas semanas en la bolsa
vale millones, pero nadie cobra más que una comisión por darlo.
¿Sospechoso, verdad?
Monos, dardos y asesores financieros
El razonamiento anterior cabe no sólo para el análisis técnico,
sino también para todo aquél que recomienda al inversor incauto
una estrategia para ganar dinero apostando a la Bolsa sin advertir
de los riesgos implicados. Por supuesto, estos asesores podrían
plantear honestamente diversas estrategias procurando cuantificar
los riesgos de cada una. Además, hay cierto lugar para que quienes
trabajan en finanzas expliquen algunos aspectos de la Bolsa que
puedan ser desconocidos para el ahorrista lego. Pero esta actitud
humilde no es común, porque nada vende más que la fórmula de
hacer fortuna sin esfuerzo.
Varios académicos contrastaron empíricamente si los profesionales
financieros pueden hacer diferencia y todos llegaron a la misma
conclusión: nadie es capaz de ganarle al promedio de mercado sistemáticamente.
Esto significa que es perfectamente posible que alguien gane mucho
durante algunas pocas semanas o meses, pero esta tendencia inevitablemente
se invierte a medida que pasa el tiempo.
¿Les suena conocido este comportamiento? Si, claro, se trata
de la Ley de los Grandes Números. Tarde o temprano, la cantidad
de caras que salen cuando uno tira una moneda miles de veces tiende
a igualar la cantidad de cecas. Ganar por encima de la media en
la Bolsa es como sacar sistemáticamente cara: imposible
en el mediano plazo.
El profesor Burton Malkiel, en su libro A Randon Walk Down
Wall Street [2], propuso un experimento
mental. Para testear si las ganancias de estos asesores eran o
no aleatorias debía hacerse un concurso entre un conjunto de profesionales
y una elección de acciones completamente al azar. La metáfora
de esta selección fortuita consistía en imaginar un mono con los
ojos vendados lanzando dardos a la página con la lista de acciones
del Wall Street Journal. Luego se compararían los rendimientos
de las carteras de ambos contendientes.
El Wall Street Journal tomó el desafío literalmente, y
estableció el concurso hace ya 15 años. En lugar de un mono vendado
tirando dardos, que se juzgó algo riesgoso, los dardos los lanzaban
personas (el propio Malkiel tuvo el honor de lanzar el primero).
En 2002, y luego de 14 años de competencia, el concurso se dio
por finalizado, arrojando una ventaja de 5.6 puntos porcentuales
a favor de los profesionales.
Sin embargo, el desafío no fue lo que se dice un "experimento
científico". Primero, porque a las ganancias obtenidas por los
gurúes no se les restaron las comisiones que cobran (se supone
que no hay un costo en bananas para el mono que tira los dardos).
Segundo, porque la teoría de la aleatoriedad funciona cuando se
elige una cantidad importante de distintas acciones, y no sólo
cuatro, como fue el caso del concurso.
Tercero, y quizás lo más importante, cada vez que los profesionales
elegían sus inversiones, el Wall Street Journal lo publicitaba
ampliamente, generando un efecto positivo en el mercado. Malkiel
calculó las ganancias pero con el precio del día anterior
al de la recomendación del diario. Las diferencias prácticamente
desaparecían.
Hay formas más directas de mostrar la imposibilidad de ganar
plata en la Bolsa sistemáticamente por encima de la media.
En el mismo libro, Malkiel [3] muestra que
el fondo de inversión Mates, que en 1968 fue el que tuvo
mejor rendimiento, en 1969 ocupó el puesto 312 (de 381 compañías
totales), en 1970 la posición 424 (de 463) y en 1971 el puesto
512 (de 526). Esta compañía tenía un valor de 15,5 dólares por
acción en 1986, y de 1,12 en 1974. Otro dato significativo [4]:
los cinco primeros fondos de inversión según el ranking de ganancias
en los años 70 tuvieron un puntaje promedio de 187 en la década
siguiente.
Por supuesto, la Ley de los Grandes Números no pontifica que
nunca nadie le puede ganar al mercado. Así como en una serie larga
de lanzamiento de monedas es fácil encontrar una serie de varias
caras seguidas, es posible encontrar historias de éxitos financieros
resonantes. Pero el punto es que, a la larga, las ganancias extra
se diluyen. La moraleja es que, si usted quiere apostar y la comisión
del asesor financiero es mayor que la pérdida esperada en la ruleta,
le conviene ir al casino.
Hágase rico en dos semanas
Cuando a los gurúes financieros les toca dar clases en alguna
universidad sobre su "método a prueba de fallos", algunos alumnos
inteligentes suelen preguntarse: si los consejos que da el profesor
son tan buenos, ¿por qué no es rico? De hecho no es rico, porque
si no seguramente no estaría dando clase por unos cuantos dólares.
¿Por qué será -se preguntan- que por tan poco dinero alguien revela
los secretos para ser millonario?
Pero voy a intentar ser la excepción a la regla. Voy a aprovechar
este espacio para proveerles gratis de la verdadera fórmula para
hacerse millonario. Se necesita una pequeña inversión inicial,
pero le aseguro que rendirá sus frutos.
Envíe 2 millones de cartas a empresarios diciendo que usted es
un "analista técnico" y que es capaz de predecir la evolución
de la Bolsa al alza o a la baja con precisión. En la mitad de
las cartas escriba "mañana la bolsa subirá"; en la otra mitad
"mañana la bolsa bajará".
Por supuesto, usted ganará una pequeña dosis de confianza entre
el millón de clientes para los que acertó. Pero es probable que
esta gente crea que fue sólo un golpe de suerte. Lo que debe hacer
ahora es enviarle a este millón de personas otra carta. En 500.000
de estas cartas usted escribirá "la bolsa subirá". En el resto,
"la bolsa bajará". Ahora habrá 500.000 personas algo más convencidas.
Repita el proceso diez veces más. Al final, habrá casi 500 empresarios
que jurarán que usted es un genio que acertó doce veces seguidas
los movimientos de las acciones. Ya tiene una importante cartera
de clientes a quien venderle sus servicios.
Agradecimientos
El autor agradece la asistencia técnica y de investigación del
Lic. Andrés Bonifacio.
- Famoso personaje de la película Wall Street, rico gracias
a sus negocios en la Bolsa.
- Existe una edición en castellano cuyo título es Un paseo
aleatorio por Wall Street.
- Pág. 180.
- Pág. 183.
Referencias
Malkiel, B. (1995). A Random Walk Down Wall Street, 6ta
Edición, WW Norton, New York.
Sagan, C. (1997). El mundo y sus demonios, Editorial Planeta,
México.
Pablo Mira es economista. Trabaja en el Ministerio de
Economía y es docente e investigador en varias universidades,
incluída la Universidad de Buenos Aires, Argentina. E-mail: pmiral@mecon.gov.ar