Controversia

Límites del mentalismo

L. Enrique Márquez

Mientras médiums, adivinos y psíquicos todavía abundan en guaridas de consultas privadas, el vidente de escenario ha tenido que encontrar trabajo honrado.

-- Theodore Annemann

Las palabras del mítico Theodore Annemann (1944) son un buen preámbulo para plantear un tema muy controvertido, que quizás nunca se resuelva, como es la ética del ilusionista a la hora de presentar efectos que sugieren lo paranormal.

El conflicto sigue vigente puesto que no hay común acuerdo entre los propios ilusionistas (incluso algunos de renombre), y se agudiza cuando intervienen los escépticos, entre quienes también se encuentran muchos profesionales de este arte. Cabe aclarar que, contrariamente a lo que algunos pueden suponer, mago no es sinónimo de escéptico a lo paranormal (Birdsell, 1989; Hansen, 1990a, 1990b; Márquez, 1986).

El punto crítico se centra en el Mentalismo, que es una de las tantas especialidades o ramas de ese gran árbol que es el Ilusionismo. El mentalista [1] es aquel ilusionista que, mediante trucos, presenta efectos que sugieren lo místico, sobrenatural o paranormal (telepatía, clarividencia, precognición y acciones de la mente sobre la materia).

Si recurrimos a la obra de Corinda, considerada entre los especialistas como la "Biblia del Mentalismo", ya nos encontramos con el primer dilema: "La ética suele ser poco práctica en el mentalismo: tienes que ser un gran mentiroso, hacer trampa a la primera oportunidad y rebajarte al nivel que haga falta para producir un buen efecto que entretenga a todos y no haga daño a nadie." (Corinda, 1968)

Ahora bien, el problema no son los efectos que presenta el mago sino los límites que merecen su actuación. Aunque el mentalista es un ilusionista más y se supone que esto no requiere mayores aclaraciones, el público no siempre lo ve de esa manera. Y esa mirada diferente es precisamente uno de los pilares que persigue y reforzará. Como primera medida, buscará diferenciarse de los magos simulando que él no recurre a trucos y que su única herramienta es el "poder de la mente".

Semejante audacia sólo será efectiva si previamente logra suprimir cualquier vestigio de escepticismo. Para esto los recursos son variados y todo buen profesional sabrá cómo emplearlos. En la magnífica obra de Nelms, se aconseja al mentalista que: "Cualquier cosa que les haga pensar en tus poderes extraordinarios, los cuales estás a punto de demostrar, ayudará a crear o mantener la atmósfera adecuada." (Nelms, 1969)

El consejo nos señala que existe una licencia implícita para recurrir a cualquier estrategia verbal que forme parte de la mise en scène para convencer al público. Esto último es de máxima importancia y marca la frontera entre el mero truco y la ilusión: "Una ilusión crea interés porque el mago le da significado proponiéndose demostrar un poder extraordinario. Un truco no tiene otro significado que el de presentar un rompecabezas y el retar al público a que lo resuelva." (Nelms, 1969)

Hasta aquí nadie debería cuestionar aspecto alguno y todo queda librado a la inteligencia de los espectadores que puedan asimilar las ilusiones como lo que son: prodigios obra de un ilusionista. Obviamente, no siempre es el caso y algunos lo toman como una verdadera demostración de poderes paranormales y otros como un desafío a su razón.

Si bien no es una condición impuesta por la ética, algunos mentalistas con buen tino suelen deslizar -hacia el final de su actuación- ciertas frases ambiguas para anticiparse a las falsas interpretaciones de extremistas creyentes o escépticos. El caso del virtuoso mentalista español Anthony Blake es un buen ejemplo: "Todo lo que has visto es producto de tu imaginación. ¡No le des más vueltas! No tiene sentido".

Desde ya que esta es una buena y sutil forma de cumplir con uno de los preceptos que marca Nelms (1969) para resolver cuestiones éticas: "Debemos engañar a nuestro público sobre nuestros ardides, pero solamente convencerle de los poderes paranormales que imitamos. El engaño debe ser permanente; el convencimiento temporal." [...]

"Les asombraste al presentarles un fenómeno extraño. Ahora les dejas atónitos al decirles que no den crédito a lo que vieron."

Seguramente la clave del convencimiento temporal debería extenderse en el tiempo (valga la redundancia) para resolver definitivamente el conflicto: durante la actuación todo es válido, finalizada la presentación el silencio pasa a ser el protagonista.

Otra forma de resolverlo podría ser la propuesta de José Luis Ballesteros (s/f): "hacer entrar al público en el juego, tratando de que le asalte la duda de que está asistiendo a algo casi sobrenatural... pero hecho por un Ilusionista."

El título de Ilusionista es una carta de presentación que exime de aclaraciones y, considerando los tiempos que corren en que muchos estafadores no-ilusionistas se autotitulan mentalistas con otros fines, tal vez sea la medida más apropiada. El ilusionista psicológico Derren Brown es un buen modelo de esta adaptación.

Algo más inquietante...

Son las sugerencias que suelen aparecer en ciertas obras de máxima importancia para el mentalista. Me refiero específicamente a los libros de Corinda (1968) y de Waters (1993) [2]. En ambos se aconseja incluir las lecturas privadas como otro modo del ejercicio de la profesión. En estos casos ya no se habla de actuaciones en escenario o reuniones sino que la propuesta es que el lector ingrese al gran negocio de los adivinos (tarotistas, astrólogos, cartománticos, quirománticos, etc.). No conforme con la defensa que hacen de ellos, de su actividad y destacando los beneficios monetarios que se pueden lograr, intentan justificarla con argumentos un tanto triviales.

Corinda dice: "Durante años he fruncido el ceño a los adivinos, pseudo-psicólogos y lectores del tarot. Me ha llevado un tiempo despertarme y ver que hacen más bien que mal, y he acumulado suficientes experiencias de gente a la que han hecho feliz. Muchos no estarán de acuerdo en esto, pero lo bueno es que lo que estoy diciendo quedará publicado." (p.340)

"«Lectura en frío» significa que empiezas sin saber nada y acabas dando una gran cantidad de datos personales. ¿No es ingenioso? Quizás no estés de acuerdo, pero es indiscutible que es comercial. Como hemos dicho antes, muchas fortunas se han hecho con ello. Uno o dos moralistas se levantarán y dirán que es un asunto muy sucio. Y seguramente no sabrán nada sobre el tema. Claro que puede ser un asunto sucio, como también lo pueden ser la magia y el mentalismo, si quieres que lo sean." (p. 342)

Por su parte Waters, quien dice haber "revisado estas preocupaciones éticas extensamente para intentar demostrar algunas de las falacias que yacen en las objeciones a la adivinación", concluye: "...Si tú quieres estafar a las personas, aprovecharte de ellos, ponerlos en peligro para beneficio propio, probablemente puedes hacer eso con la adivinación. Pero si quieres hacer algo bueno por algunas personas, ayudar a aquéllos que quizás no pueden (o no podrían) ser ayudados por nadie más, salvar a algunos de tus clientes desde un buen trato de la tristeza y el dolor, quizás incluso salves una vida aquí y allí. Puedes hacer eso con la adivinación. ¿Algo para pensar, no es así?" (p. 92)

No hay mucho que pensar, ambos incurren en una apología del delito. Las buenas intenciones y deseos de ayudar a otros no son suficientes para concretarlos y menos aún otorgan la idoneidad que merezca el caso. Consejos de esta naturaleza invitan al ejercicio ilegal de la Psicología y la Medicina (Márquez, 2002). No faltarán inescrupulosos que, guiados por la omnipotencia de estos autores, piensen que estarán en condiciones de abordar y canjear espectadores por pacientes.

Crear ilusiones es el rol del ilusionista, fabricar falsas ilusiones es patrimonio de los charlatanes.

NOTAS
  1. Término acuñado por Joseph Dunninger (Dunninger, 1954).
  2. Cabe mencionar que las 828 páginas del libro de Waters, por algunos son consideradas como la nueva revelación después del de Corinda. Al menos así lo reseña Gaëtan Bloom en la contratapa: "Si Corinda es la Biblia del Mentalismo, T. A. Waters es el Nuevo Testamento".
REFERENCIAS

Sobre el autor

L. Enrique Márquez es ilusionista, autor e investigador de los presuntos fenómenos paranormales.
E-mail : skeptic@ciudad.com.ar

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