Libros

EL DIABLO: UNA HISTORIA PARA POCOS

María Cristina Longinotti

Historia del Diablo, siglos XII-XX, Robert Muchembled,
México, Fondo de Cultura Económica, 2002.

Historia del Diablo es un libro serio, y no necesariamente por su temática, sino por el rigor académico con que está escrito. Fruto evidente de largos años de investigación y elaboración, brinda un panorama de la percepción de la figura diabólica a lo largo de los siglos, desde el lejano XII hasta nuestros días.

El autor transita con acierto por la Edad Media, si bien los devotos de esta época habríamos preferido que iniciara su relato unos siglos antes. Pero, lógicamente, el siglo XII como punto de partida es una excusa para abordar la imagen de Satanás en la Baja Edad Media y la Modernidad, período en el que impera sin restricciones en contrapartida con los siglos anteriores, durante los cuales, pese al tópico de la "edad oscura", no se concedía tanta importancia a las acciones del Maligno.

El libro dedica un capítulo entero (tiene siete en total) al tema de la brujería y su relación con los herejes, brindando un notorio, aunque no exhaustivo, caudal de información. Es de destacar que el autor se centra en el "corazón" de Europa, es decir: Francia, Alemania, Países Bajos y, de pasada, norte de Italia. Quizá, por la lejanía del Mediterráneo, brilla por su ausencia la oposición "Cristiandad-Islam" como ejemplo de demonización del enemigo (que el autor toma más adelante al hacer referencia a la Guerra Fría). Si bien en el capítulo final se dedica con esmero al Nuevo Mundo (EE.UU.), apenas lo menciona en la Edad Moderna y no trae ninguna descripción ni análisis específico -sólo referencias esporádicas- del caso de las brujas de Salem. En este sentido, pareciera seguir a pie juntillas el camino de la globalización: Estados Unidos hace su aparición en la historia de Occidente recién a fines del siglo XIX. El resto de América, como es sabido, no aparece nunca, por lo cual no figura en este libro, así como España, que hasta hace sólo unos años era Europa a medias.

Un punto de vista interesante lo constituye el capítulo III, El diablo en el cuerpo, que recorre el imaginario -popular y no tanto- sobre el sexo, el cuerpo femenino, los monstruos y los prodigios y la participación de los sentidos (principalmente vista y olfato) en la condición carnal del hombre y sus consecuencias.

Aquí es donde el autor comienza a apartarse sutilmente de lo que pareciera haber sido el objeto del libro o, por lo menos, de lo que su título sugiere. A partir de este momento ya no se trata solamente de la historia del diablo, sino del Mal en general y de la percepción que la sociedad tiene de él. Quizá no debiera haberlo titulado Historia del Diablo, sino Historia del Mal o, quiza, Historia del Miedo (el título original es: Une histoire du diable). A nuestro entender, hay dos enfoques paralelos en el libro: uno es una historia al estilo tradicional, académico, con acopio de información; el otro participa más de las características del ensayo sociológico, quizá porque el Diablo (con mayúscula) se le vuelve escurridizo.

En efecto, el autor declara con acierto que a partir del siglo XVIII la sociedad se "desdemoniza", ayudada por las visiones románticas de Lucifer propias de la primera mitad del siglo XIX, y Satanás pasa a ser cada vez más un "demonio interior" que todos llevamos dentro, el motor de nuestras pasiones más oscuras, al que es preciso exorcizar.

Pero es aquí donde el diablo se desdibuja y se parcela: adquiere tantas imágenes como personas y comunidades existen. El diablo pierde entidad en su sentido más lato, es decir, deja de existir como un "ser" para pasar a encarnarse en nuestros temores, individuales y colectivos. El autor lo advierte claramente (un subcapítulo se titula Fragmentación de la representación imaginaria maléfica) y, no obstante, persiste en la búsqueda de los rastros de Satanás en la literatura, el cómic, la publicidad y el cine (no concede prácticamente espacio a la televisión), fragmentado ya en seres "diabólicos" como Frankestein, Drácula, el Hombre Lobo y hasta los gangsters de la Ley Seca, en una carrera un poco frenética y algo traída de los pelos que desorienta al lector y termina cansándolo. No queremos decir con esto que la parte dedicada al siglo XX no sea de interés; por el contrario, es fascinante, si no se trata permanentemente de relacionar los ejemplos citados con el diablo o lo diabólico. No entendemos, por ejemplo, la inclusión, en el apéndice Filmografía del diablo: cine negro y de horror, de películas como La ventana indiscreta, Amor sin barreras, Lolita y Titanic. El cine catástrofe está incluido en bloque, desde Infierno en la torre en adelante. La relación del fin del mundo -o del mundo como lo conocemos- con la acción o la presencia del diablo parece un poco traída de los pelos en estos ejemplos. Parece que en la clasificación de Muchembled sólo se salvan las comedias románticas.

Notamos asimismo, dentro del enfoque del autor, ya confesionalmente amplio en su búsqueda de reminiscencias diabólicas y que incluye la creencia en fenómenos paranormales, telepatía, ovnis y horóscopos como un resurgimiento del paganismo (notemos de pasada que la vinculación del paganismo con lo diabólico es un invento del cristianismo), una llamativa ausencia de menciones de la Nueva Era y de la obra de Tolkien, quien crea un universo totalmente pagano y completamente aséptico en lo religioso, en el cual impera, no obstante, en el personaje de Sauron, un Satanás como pocos lo hubieran soñado en los años más negros de la Edad Moderna. Consecuentemente con su enfoque, debería haber incluido a Harry Potter como ejemplo de trivialización o desmitificación de lo mágico: también lo ignora.

Aclaramos a los posibles lectores que no se trata de un libro sencillo. Especialmente la primera parte puede resultar tediosa para quien no esté familiarizado con la historia de la cultura de Occidente; la ausencia de subtítulos y el estilo de redacción corrida molesta incluso a un universitario deseoso de encontrar datos sobre un período o asunto determinado. A medida que avanza en el tiempo, el estilo se desmitifica al igual que el tema: hasta el siglo XIX es un libro académico para uso de universitarios; el capítulo referido al siglo XX es de divulgación. Si se tiene esto en cuenta y se sabe qué es lo que se busca con su adquisición, resulta una obra sumamente interesante y que amerita una lectura pausada y reflexiva.

Sobre el autor

María Cristina Longinotti es Doctora en Historia y se especializa en el estudio de la religiosidad popular

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