Jacques Benveniste (1935-2004)
El 3 de octubre de 2004, en el curso de una operación quirúrgica, falleció el profesor Jacques Benveniste. "Médico brillante y provocador", según sus apologistas; "Bioquímico pseudocientífico" según sus críticos, Benveniste murió a los 69 años en París, Francia, donde era una celebridad desde su descubrimiento en 1970 del PAF-Acether, un factor activador de las placas sanguíneas relacionado con procesos inmunoinflamatorios. A fines de los 80, sus lazos con el mundo científico comenzaron a resentirse, estrechando cada vez más su relación con el de la Nueva Era. En junio de 1988, la revista Nature publicó su artículo sobre lo que llamó la "memoria del agua", en realidad un trabajo sobre "degranulación de basófilos humanos inducido por una solución altamente diluida del anticuerpo antIgE" según el cual "la información específica de una sustancia se trasmite en el proceso de agitado de la disolución al agua". Ni más ni menos, una de las tesis de la Homeopatía.
Cuándo creer en lo increíble. La polémica amenazó con afectar la credibilidad de Nature por haber aireado un artículo contra el consejo de los árbitros de la revista: no sólo habían detectado fallas de método sino que no parecía haber garantías de que las muestras fueran puras. A la vez, otra revista, Science & Vie ofrecía un millón de francos al equipo de Benveniste si repetía los resultados de su experimento, realizados en el marco del Inserm (una de las principales instituciones científicas de Francia), en un laboratorio independiente. El bioquímico se rehusó. "La investigación médica -repuso- no es un show". Pero Nature ya había acordado con Benveniste que una comisión (integrada por John Maddox, editor de la revista, Walter Stewart y el ilusionista James Randi, estos dos últimos expertos en fraudes científicos), iba a intentar replicar el experimento en su laboratorio. La comisión fue cuestionada: sus integrantes no tenían experiencia previa en ese campo, dos de ellos denotaban cierta "predisposición a descubrir un engaño" y se tomaron "apenas cinco días" en concluir que los resultados no eran reproducibles. Pero otros tres laboratorios llegaron a las mismas conclusiones. E, inobjetablemente, se probó que parte del equipo había sido financiado por la empresa de productos homeopáticos Boiron (sin contar con que Benveniste mismo había integrado una empresa similar).
El agua, obstinadamente desmemoriada. En abril de 1989, una comisión del Inserm amagó con retirar a Benveniste de la Unidad 200 si en ella "siguen participando laboratorios homeopáticos". Pese a las objeciones de una segunda comisión, tanto el director del Inserm, Philippe Lazar, como el ministro de Investigación de Francia mantuvieron a Benveniste en el puesto. Pero con reservas "debido a la financiación de sus trabajos, su análisis poco crítico de los resultados, sus aventuradas interpretaciones, la manera de expresarlas públicamente y las preocupantes consecuencias publicitarias que podría suponer como refuerzo de la credibilidad de ciertas prácticas terapéuticas." Como sea, Benveniste no alejó a sus colegas filo-homeopáticos; en 1989 se refirió a su "martirologio" en un foro de medicinas alternativas y, en 1990, dirigió una colección de libros en cuyo prólogo se autovictimizaba ante la impiadosa "ciencia oficial".
Adiós "Expedientes X". A fines de 1993, el Inserm cerró la Unidad 200. Y el 1° de marzo de 1994, Le Monde denunciaba que la clausura se debía a "el carácter herético" de los trabajos del bioquímico. Las críticas arreciaron. El periodista Michel Rouzé recordó que nadie más aparte de Benveniste y sus colegas hallaron nada significativo. "Comprobar esto -afirmó- no era condenar una herejía". Benveniste, autor de más de 300 artículos, ya había sido duramente aporreado. En 1991 soportó el bochorno de recibir el IgNobel "por su persistencia en convencer a los demás de que el agua es un líquido inteligente, capaz de recordar compuestos químicos incluso cuando toda huella hubiese desaparecido de su seno", premio que le fue otorgado por segunda vez en 1998 por su artículo "Transatlantic Transfer of Digitized Antigen Signal by Telephone Link" (Transferencia transatlántica de señales digitalizadas de antígenos por línea telefónica) publicada en el Journal of Allergy and Clinical Immunology. Porque ahora, para Benveniste, ¡la "memoria del agua" también podía ser transmitida por teléfono e Internet!
El hombre que dejó su marca en el agua. Entre críticos que no le sacaban la vista de encima y homeópatas que pretendían dar una pátina de verosimilitud a una práctica sin fundamento, la estrella de Academia de Ciencias de Francia devino en un excéntrico marginal. "El error forma parte del proceso científico, y se me condena al ostracismo porque jamás tuve un error", replicó. En los últimos años, fuera del ambiente de la Nueva Era nadie le llevaba el apunte. "Mis experimentos están en curso de ser completamente reproducibles", prometía.
Sino fuera porque su descubrimiento de 1970 lo había llevado a los manuales de Medicina, probablemente Nature nunca se hubiera fijado en su artículo. Ahora, sus seguidores tropezarán por retratarlo como el mártir que siempre creyó ser. "Tenía una inteligencia en estado bruto, rápida, en movimiento perpetuo (.), capaz de excesos de velocidad y descontroles", pero "generosa" y "abierta a nuevos horizontes", escribió Eric Fottorino, un admirador que, desde Le Monde, señaló que "sus logros" no impidieron que su humor se avinagrara y su estrella se extinguiera. Al igual que su ópera magna, la cual acabó disolviéndose como una gota de tinta en el océano.

John E. Mack (1929 - 2004)