Una visión negligente de un peligro
En los últimos años, ha ganado aceptación entre los escépticos una idea del finado paleontólogo Stephen J. Gould. Según ella, la religión y la ciencia tendrían una intersección vacía, ambas abarcarían "magisterios no superpuestos": la religión se ocuparía de aspectos no cuantificables de la experiencia humana -como el sentido de la vida, la ética y la moral-, mientras que la ciencia estaría restringida al mundo de lo cuantificable, lo contrastable, lo fáctico.
Dejando de lado el absurdo de un científico agnóstico tratando de enseñar a los religiosos lo que debería ser la verdadera religión, Richard Dawkins ha señalado los desaciertos graves de esta idea, que raya en la ingenuidad: prácticamente todas las afirmaciones religiosas se reducen a afirmaciones fácticas: los humanos fueron formados del maíz (mayas) o del barro de la tierra (judaísmo), las hormigas y las abubillas podían hablar con Salomón (islam), un cadáver resucitó hace unos dos milenios en Jerusalén (cristianismo), María fue ascendida en cuerpo y alma a los cielos (catolicismo), una nave espacial viajaba tras el cometa Hale-Bopp para llevar a los fieles al Paraíso (secta de la Puerta del Cielo). Todas estas son afirmaciones religiosas de naturaleza fáctica que le incumben a la ciencia.
