Kant sostuvo que el libre albedrío es uno de los problemas metafísicos que el intelecto humano no puede resolver. Lejos de atacar el problema como tal, mi meta es simplemente añadir un pequeño cuadro al complejo mosaico de voluntad y acciones a través de la perspectiva de la neurociencia cognitiva . Trataré de hacerlo discutiendo los casos de personas cuya intención de interactuar con el entorno es obstaculizada por acciones que ellas mismas hacen aparentemente contra su voluntad. Se comportan así debido a lesiones en una región determinada del cerebro, los lóbulos frontales.
Una tarde llevamos a nuestra paciente la señora GP a cenar con su familia. Estábamos discutiendo las implicaciones de su estado médico para ella y sus parientes cuando, repentinamente y para su desconcierto, vimos que su mano izquierda tomaba algunas espinas de pescado sobrantes y las ponía en su boca (Della Sala et al., 1994). La señora GP estaba apenada por lo que había hecho, aunque un poco después, mientras le rogaba que no le avergonzara más, su traviesa mano agarró el helado que estaba saboreando su hermano. Entonces, la mano derecha intervino inmediatamente para poner las cosas en orden y, como resultado de la lucha, el postre cayó al suelo. Ella se disculpó profusamente por este comportamiento, que atribuía a la desobediencia de su mano. La señora GP decía que tenía voluntad propia y a menudo hacía lo que le venía en gana. El síndrome conocido como mano anárquica, en el que las personas experimentan un conflicto entre su voluntad declarada y la acción de una de sus manos -actúan una en contra de la otra-, afectaba a GP. No es la única persona con este extraño síndrome. Otro paciente similar tenía problemas al escoger canales de televisión, ya que "no bien la mano derecha había seleccionado uno, la mano izquierda oprimía otro botón" (Parkin, 1996).
