Aburrirse es mascar tiempo
Emil Cioran
El fin del mundo es un lugar común de nuestra cultura. Incluso en el terreno de la ciencia contemporánea, la cosmología mantiene el debate en torno al destino final del Universo, sobre su eterna expansión o sobre su futura contracción y posible comienzo en un nuevo ciclo, aunque no es éste un posible final que deba preocuparnos en exceso, ya que antes -dentro de unos 5.000 millones de años- nuestro Sol, transformado en gigante roja, habrá engullido a la Tierra.
Con un alcance menor, centrado en nuestra civilización planetaria, el cosmólogo de Cambridge y Astrónomo Real británico Martin Rees se pregunta en Nuestra hora final (2004) si los desarrollos tecnológicos podrían llegar a transgredir las fronteras naturales trazadas por nuestra propia especie, desembocando finalmente en su desaparición. No obstante, su ensayo carece de tonos apocalípticos, pues se dedica a explorar racionalmente los peligros (poderosos agentes patógenos, ingeniería genética, nanomáquinas descontroladas, guerras nucleares localizadas, etc.) que nos acechan a lo largo del siglo XXI.
Puede continuar leyendo el texto completo de este artículo en Pensar, Vol. 3, Nro. 1 (Enero / Marzo 2006). Suscríbase ahora
