El día que le arrancaron la peluca a Sai Baba

Alejandro Agostinelli

A veces no hay nada mejor que empezar la jornada con un poco de espiritualidad.
Y así como a cada santo le llega su día, a cada inocente le llega el suyo.
Los santos vienen en diversas presentaciones: benévolos, justos, piadosos, moralizantes, poderosos. Sri Sathya Sai Baba es de los últimos. Dicen, por ejemplo, que sus poderes son tan penetrantes que es capaz de meterse en los sueños de los creyentes. Tanto es así que muchos de los milagros que se le atribuyen no suceden sino mientras los devotos duermen. Sus detractores afirman que, en tales circunstancias, los milagros "se le escapan". Pero basta echar un vistazo en la literatura para comprobar que esos portentos oníricos son parte de la doctrina: sea para dar consejos íntimos o curar enfermedades, pareciera que, por las noches, el gurú irrumpe con un realismo estremecedor, ostentando su enmarañado peinado afro y su inconfundible atuendo naranja.
Nada de esto debería extrañar: el líder espiritual de Puthaparti es una figura central en la vida de los fieles, y una de las prédicas más arraigadas de la Organización Sai Baba consiste en invocar su imagen y cantar su nombre. Muchas veces eso alcanza -aseguran-para que sus existencias cambien para siempre.
Digamos también que circulan leyendas negras sobre Baba, a quien muchos creen encarnación de la divinidad. Algunas, como su afición a juguetear con el pene de sus adeptos, confirmadas hasta por los seguidores más convencidos. Otras historias son meros rumores, que abordar ahora sería irse por las ramas.
La leyenda que vamos a contar también comienza con un sueño. Un sueño herético, pero sueño al fin.
El pasado 28 de diciembre de 2005 tuve un módico sueño con Sai Baba. Soñé que durante la llamada "materialización del lingam" (ceremonia consistente en la expulsión de un huevo de oro por su boca que deja abierta las ídem de sus devotos), un asistente lanzaba un inopinado manotazo sobre su espesa cabellera, quedándose con una peluca entre sus manos.
El iconográfico peinado del anciano es, quizá, una de las razones por las cuales Sai Baba se convirtió en uno de los gurúes orientales más populares del mundo. Por eso, la idea de que sus sagrados cabellos fueran postizos le daba a mi sueño una pintoresca pátina de realismo mágico.
Esa madrugada, que coincidía con el Día de los Santos Inocentes, desperté sobresaltado. Tuve la loca idea de redactar el sueño con el estilo de un cable y de enviarlo a varias listas de correo, a ver qué reacciones provocaba.

Puede continuar leyendo el texto completo de este artículo en Pensar, Vol. 3, Nro. 2 (Abril / Junio 2006). Suscríbase ahora

Sobre el autor

Alejandro Agostinelli es secretario de redacción de revista NEO y editor de Dios! www.dios.com.ar

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