Entre los mensajes no solicitados que con cierta frecuencia llegan por correo electrónico, hay uno particularmente llamativo; su nombre es El Triángulo de la Vida o El Triángulo de la Supervivencia. En su versión en español, el texto comienza así:
“Mi nombre es Doug Copp. Soy el Jefe de Rescate y Gerente de Desastres de la organización American Rescue Team International (ARTI), el equipo de rescate más experimentado del mundo. La información de este artículo salvará vidas en el caso de un terremoto. He estado dentro de 875 edificios colapsados y trabajé en grupos de rescate en 60 países, fundé grupos de rescate en muchos países y soy miembro de grupos de rescate de varios. Fui miembro de las Naciones Unidas, experto en el área de Mitigación de desastres (...)”
La tesis de Copp y su organización ARTI (sin relación con ningún ente gubernamental) consiste en que, si un terremoto hace colapsar una estructura, no se debe emplear la recomendación oficial de los Estados Unidos “agáchese, cúbrase y sujétese”, que aconseja guarecerse debajo de una mesa, escritorio, o pupitre; más bien, afirma, hay que colocarse en posición fetal junto a estos objetos:
“Cuando un edificio colapsa, el peso del techo cae sobre los objetos o muebles aplastándolos, pero queda un espacio vacío al lado de ellos. Este espacio es el que yo llamo “triángulo de vida”. Mientras más grande sea el objeto, mientras más pesado y fuerte, menos se va a compactar. A medida que el objeto se compacte menos, mayor será el espacio vacío o agujero al lado del mismo, y mayor será la posibilidad de que la persona que está usando ese espacio vacío no sea lastimada.”
El texto menciona varios ejemplos de su experiencia, como una escuela que se desplomó durante el terremoto de Ciudad de México de 1985, así como un supuesto experimento realizado en Turquía. Además, asegura que tampoco debe buscarse resguardo bajo el marco de una puerta, y que hay que tratar de salir de toda edificación durante un sismo.
A primera vista algunos de estos consejos parecen tener sentido, y las credenciales de Douglas “Doug” Copp lucen, a primera vista, impecables. Sin embargo, sus actividades anteriores le han creado una poco envidiable reputación.
Puede continuar leyendo el texto completo de este artículo en
Pensar, Vol. 4, Nro. 1 (Enero / Marzo 2007).
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