El alma y la ciencia moderna

 
Por Hernán Toro

“Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las soñadas en tu filosofía”.

Hamlet, Acto I, escena V.

ESTE ARTÍCULO PRETENDE RECOPILAR ARGUMENTOS DISPERSOS Y POCO CONOCIDOS PERO BIEN VALIDADOS QUE MUESTRAN LA INCOMPATIBILIDAD DEL ALMA CON LA REALIDAD.

La creencia en almas o espíritus1 inmortales susceptibles de juicios divinos post mortem es uno de los peores lastres sociales de la civilización moderna. Restricción de libertades civiles, trabas a investigaciones médicas prometedoras, discriminación por preferencias sexuales y políticas, son sólo algunas consecuencias de estos mitos precientíficos.

Consecuencias nefastas de una creencia difundida

Por creer que cada embrión tiene un “alma” que lo haría “persona”, los religiosos se oponen al aborto temprano y a la investigación con células madre embrionarias que podría traer curas personalizadas para dolencias aterradoras: desde parálisis por lesiones de médula espinal, hasta mal de Alzheimer o Parkinson.
Por esperar justicia divina tras la muerte, muchos creyentes no buscan la solución de los problemas sociales sino que se limitan a perder el tiempo con plegarias ineficaces por las víctimas de miseria, “limpiezas étnicas”, atentados terroristas o masacres paramilitares con motosierras que desmiembran vivas a las víctimas para luego jugar fútbol con sus cabezas decapitadas2. Como esta vida sería sólo la antesala de la eterna, no importa la situación de millones; ya serán recompensados “ciento por uno” en el cielo.
La creencia en la vida eterna es una suerte de barbitúrico que impide percibir la magnitud de la tragedia humana de quienes terminan su existencia entre dolores insufribles obligatorios, porque legisladores crédulos impiden legalmente el derecho a morir dignamente, o la de aquellos cuya última experiencia consciente es perder sus miembros a filo de motosierra.

Puede continuar leyendo el texto completo de este artículo en
Pensar, Vol. 5, Nro. 1 (Enero/Marzo 2008).


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